¿Qué define a una película feminista? ¿Por qué debería importarnos?

En los 70, Los Ángeles de Charlie tenía como protagonistas a mujeres hermosas y una leve trama de acción como excusa. En 2000, Cameron Diaz Drew Barrymore la llevaron al cine en forma de comedia de acción que coqueteaba con el feminismo (de la corriente Destiny’s Child), otorgaba un mayor poder a las tres mujeres en el centro de la historia y aprovechaba al máximo el talento cómico de las actrices (tuvo una secuela en 2003).

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La nueva versión de Ángeles de Charlie subraya hasta el hartazgo intenciones feministas que no logran salir de lo superficial. Cada escena le grita al espectador que no se preocupe, que el juego de poner a tres mujeres hermosas con diferentes looks peleando contra hombres malignos es empoderamiento y no una rendición ante las reglas de Hollywood. Las actrices siguen siendo bellezas del tipo que podrían participar del ahora extinto desfile de una famosa marca de ropa interior, aunque con mayor diversidad étnica, pero hay un esfuerzo constante en remarcar que son mucho más que eso.

Todo esto resulta forzado y distrae de los aspectos más entretenidos de la película como las secuencias de acción, en las que Elizabeth Banks demuestra ser una directora más que competente. Teniendo en cuenta la carrera de la realizadora como comediante, es curioso que los aspectos cómicos del film no funcionen tan bien como los de acción. Kristen Stewart es una gran actriz dramática, pero el material no la ayuda a llevar ese talento hacia el terreno de la comedia, mientras que Naomi Scott , quien ya llamaba la atención en Aladdí n, sí se perfila como una actriz que puede brillar como comediante.

Otro gran ejemplo fue Ocean’s Eight, la versión femenina de la saga de atracadores de Steven Soderbergh. Una cinta con un reparto completamente compuesto por mujeres, pero que suscitaba la duda si eso por sí solo podía calificarla de una película que reivindicara la igualdad de género.

Hasta ahora la manera de saber si una película era o no machirula, consistía en aplicar el conocido como Test Bechdel. Este test, aparecía por primera vez en el cómic Unas lesbianas de cuidad, de Alison Bechdel y pedía que las espectadoras se fijasen en tres aspectos. El primero es si había más de un personaje femenino en la película. El segundo, si esos personajes femeninos hablaban entre ellos. Y el tercero, si esa conversación giraba en torno a algún tema que no fueran los hombres. El test ha servido para comprobar lo masculinas y testosteronicas que son películas tan importantes de la historia del cine como Pulp Fiction, Ciudadano Kane o El señor de los anillos.

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Pero el Test Bechdel podría haberse quedado viejo. Sobre todo en estos momentos donde el feminismo señala con el dedo aquellas prácticas que perpetúen roles de género basados en la desigualdad. Ya no vale con poner personajes femeninos un poquito complejos. Para cambiar las dinámicas y los imaginarios del audiovisual, que han convertido a las mujeres en objeto del deseo al servicio de los hombres o en amas de casa aburridas, hace falta mucho más.

En los últimos meses han surgido propuestas en Hollywood para paliar el déficit de mujeres y su representación en la gran pantalla. Por ejemplo, las periodistas Rachel Dottle y Ella Koez han reunido en la web Fivethirtyeight, varias propuestas de profesionales de distintos sectores del cine para medir la desigualdad:

 

El test Uphold

La actriz y directora Rory Uphold propone cuantificar cuántas mujeres trabajan detrás de las cámaras en una película. De ahí que las películas pasen el test de la paridad. Ella lo ha hecho, con las de 2016 y no lo pasa ninguna de las más taquilleras.

 

El test de Peircel

Vamos con el test con mejores resultados. Es el de la directora de Boys don’t cry o Carry, Kimberly Peirce. Ella se fija en los protagonistas femeninos y pide que analicemos si tienen su propia historia y recorrido. Si esa historia está llena de deseos autónomos y tiene que ver con la acción dramática. De manera que pueda empatizar la audiencia con ella.

El test de White

La música y la dirección de fotografía son las categorías más masculinizadas, donde la presencia de mujeres suele ser anecdótica en los premios. De hecho, el año pasado fue el primero en el que una mujer, Rachel Morrison, conseguía nominación. Por eso, la directora de fotografía Jen White, propone un test que solo lo aprueben aquellas películas que tengan el mismo número de jefas de departamento que de jefes y que, además, haya paridad dentro de cada departamento. Ni una película lo ha pasado.

El test Whaithe

Las mujeres racializadas llevan tiempo pidiendo al feminismo blanco que mire hacia ellas, puesto que no solo sufren la discriminación de género, sino también racial. Por eso, la actriz y guionista Lena Waithe, ganadora de un Emmy por el guion de Master of None, tiene su propio test. Ella pide que haya una mujer negra en el equipo, que tenga un puesto de responsabilidad y que no despierte comentarios racistas. Solo cinco películas han aprobado.

The Ko Test

Naomi Ko, escritora y actriz conocida por Dear White People. Para ella su test tiene que probar que una película tenga a una mujer que no sea blanca, que hable en cinco o más escenas y que lo haga en inglés.

The Villalobos Test

El mundo latino también pide visibilidad en Hollywood. La productora Ligiah Villalobos, propone que las películas, para pasar su test, tengan un protagonista latino, y que este personaje o cualquier otro personaje de mujer latina sea mostrado como alguien profesional, educada, no sexualizada y que hable inglés sin acento. Suponemos que todo esto va por el personaje de Sofía Vergara en Modern Family.

El test de Rees Davies

La productora y directora Kate Rees Davies propone que miremos en el número de mujeres por departamento, y que contemos las películas que tienen dos o más mujeres en cada uno de ellos. 15 películas de las analizadas lo pasan, 35 no. Aquí hay que tener en cuenta un fallo que detectaron las cineastas españolas de CIMA, que la discriminación se tapaba porque en categorías como vestuario, maquillaje y peluquería eran muchas más las mujeres que los hombres.