Sobre los estigmas de las personas transgénero y las fobias que existen en la sociedad hacia las personas LGBT.

“SIN VAGINA, ME MARGINAN” ES UNA PELÍCULA PERUANA CUYO TÍTULO FUE CENSURADO Y POR ESO NO LA ESTRENARON

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Dos chicas transexuales, que se ganan la vida como prostitutas, se meten en una serie de líos para lograr recaudar el suficiente dinero para pagar una operación de cambio de sexo. Esa es la premisa de “Sin vagina, me marginan”, la ópera primera de Wesley Verástegui, un economista que se cansó de vivir enfrascado en la rutina del saco y la corbata, por lo que decidió invertir en esta película de micropresupuesto que fue grabada íntegramente con un celular. Se trata de una propuesta de factura precaria, pero cuyo agudo humor, peculiar temática y grueso estilo serie-B llamó la atención de miles en las redes sociales, donde su adelanto se viralizó a pocas horas de haberse publicado (su tráiler supera el medio millón de reproducciones a la fecha).

Fue gracias a esa atención que la película consiguió una distribuidora que se comprometió a estrenarla en cines en setiembre; pero a pocos días de la fecha de lanzamiento, se retractó. ¿Qué fue lo que pasó? Un grupo de padres de familia se quejó del título y exigió que se sacara todo material publicitario de los cines, porque la palabra ‘vagina’ atentaba contra la integridad de sus hijos menores de edad.

¿Cómo surge la historia de la película?

Para el director, las mujeres trans tienen tres ingredientes cinematográficos muy importantes. Primero, que viven con mucho conflicto y la base de un guion es el conflicto. En segundo lugar, que físicamente son muy llamativas, lo cual me interesa para atraer el ojo del público. Y finalmente, se comunican con un lenguaje muy particular y son muy inteligentes. Tienen un chip que hace que sean muy rápidas para responder y procesar la realidad, algo que me ayudaba a la hora de crear los diálogos de la historia. Pero, antes de escribir el guion, Wesley Verástegui no conocía a ninguna persona trans, por lo que se puso a leer sobre el tema. “Creo que me sirvió bastante haber escrito la historia desde una perspectiva lejana, porque si hubiera conocido a personas trans, me hubiera limitado a la realidad: porque la historia que he escrito es una locura, es demente. La película tiene unos diálogos alucinantes, los personajes son más grandes que la realidad y es producto de no haber conocido directamente a nadie que se parezca a mis protagonistas”.

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