Un ama de casa que puede optar por seguir una estricta rutina (fregar, cocinar, cuidar de sus hijos…) o cambiarla por completo es la protagonista de VONA, un videojuego feminista que pretende empoderar a la mujer a través de un medio de expresión en el que suele estar poco y mal representada. La posibilidad de rebelarse es el hilo conductor de esta historia basada en la experiencia de una ucraniana.

El videojuego VONA tiene una protagonista poco frecuente: un  ama de casa que puede seguir esa estricta rutina escrita en un papel o saltársela para descubrir un resultado que le sorprenderá. “ Ya no eres Lara Croft con dos armas atravesando la jungla; eres tú, anónima en tu casa, decidiendo entre dedicar la tarde a planchar y poner lavadoras o sentarte a leer”, explica la artista María ‘Pimienta’ Sánchez

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La vida como ama de casa de esa joven se convirtió así en el ‘leitmotiv’ del videojuego, concebido a caballo entre el Centro de Cultura de Género de Járkov  (la segunda ciudad más grande de Ucrania) y los participantes en los talleres madrileños. Entre todos, fueron perfilando las acciones y la mecánica de VONA.

“Hay que ir avanzando mediante pantallas e ir tomando decisiones basadas o no en las normas del heteropatriarcado, así que digamos que hay herramientas de empoderamiento disponibles para desarrollar el proceso de una forma u otra”, nos cuenta por su parte la artista María Sánchez.

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La o el jugador descubrirá  diferentes guiños a obras de arte feministas e incluso Virginia Woolf hará su aparición. De hecho, el impacto de los huevos contra la pared acaba provocando que se llene de pechos, una curiosa reacción inspirada en la instalación feminista de los años 70 ‘Woman House’.

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Sentarse a desplegar su creatividad ante una máquina de escribir, en lugar de resignarse a completar repetitivas tareas domésticas, es una de las acciones que el jugador puede escoger en VONA. El Museo de Género de Járkov también alberga una antigua máquina para imprimir caracteres del alfabeto ucraniano que perteneció a una mujer.

Vestidos tradicionales, una máquina de coser, fotografías, libros y carteles forman parte de las más de 4.000 piezas de este pequeño centro situado en una antigua vivienda vivienda soviética, según describe María Sánchez. Ella lo conoció de la mano de su directora, Tatiana Isaeva, cuando realizaba allí un programa de voluntariado europeo. Fue en 2014, poco tiempo después de las protestas multitudinarias en la plaza del Maidán en Kiev,  para pedir la dimisión del presidente Viktor Yanukovich.

Estará disponible en inglés, español y ucraniano y podrá disfrutarse a través de la web o del ‘smartphone’ a partir de septiembre, después de que los ‘beta testers’ lo descarguen la primera versión estará disponible a mediados de este mes — y valoren la experiencia.

Sus creadores pretenden que sea accesible para que personas de cualquier sexo y edad no solo conozcan un pequeño museo de Ucrania, sino que se sumerjan en esa vida en blanco y negro llena de alternativas. “Es el coger y decir ‘ vamos a hacer cosas que no nos impongan, que las decidamos nosotras, que decidamos si querernos irnos de la habitación’”, resume María Sánchez.